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Reinventarnos y logar la continuidad Ciencia Empresa

El Expresidente del Cercle, Antoni Garrell, analiza la situación económica de nuestro país y propone medidas para mirar hacia el futuro, medidas centradas en la gestión del talento y la transferencia de conocimiento.

El primer cuatrimestre de 2011 se ha caracterizado por la palabra “recortes”. Aunque en España los recortes se han venido sucediendo de forma continuada, en Cataluña han irrumpido con fuerza una vez cerrado el ciclo electoral y constituido el nuevo gobierno presidido por Artur Mas. La gravedad de la crisis económica y el retraso en la recuperación del crecimiento ha comportado un notable descenso de los ingresos de las Administraciones que se han situado por debajo del 34,5% del PIB; 6,6 puntos menos que en 2007, una cifra ya entonces por debajo de la media de la zona euro que se situaba en el 45,5%. Una disminución mucho más importante que la que han sufrido los estados de la Unión Europa, donde los ingresos se situaron de media en el 44% del PIB. Cifras que se explican por el presumible incremento de la economía sumergida y el deterioro de las tasas de ocupación, ya que el sistema impositivo español se apoya de forma excesiva en las rentas del trabajo.

Los recortes en los gastos aplicados a la actividad productiva pública o privada son indispensables. Disponemos de muchos menos recursos por la pérdida del ritmo de crecimiento económico y las restricciones crediticias que condicionan todas las actividades. La notoria falta de recursos, por la incapacidad de incrementar los ingresos y la insuficiencia de los recortes efectuados hasta la fecha, obliga a que la disminución del gastos sea inaplazable si se quiere evitar la deriva hacia situaciones como la que afecta a Grecia, a quien a finales de abril los mercados le exigieron una rentabilidad del bono a 10 años próxima al 15%, (prima de riesgo de 1.200 puntos básicos). Porcentaje insoportable y de efectos devastadores para el presente y el futuro de la sociedad griega. Así pues, la situación es tan extremadamente delicada que, ante las dificultades en incrementar los ingresos y las limitaciones en cuanto a la capacidad de endeudamiento, es inevitable una reducción que afectará a todos los servicios que prestan las administraciones, consecuentemente también a los que son consustanciales con la calidad de vida y el progreso.

Desgraciadamente los pilares del estado del bienestar han entrado en cuarentena por la falta de capacidad de generación de valor de nuestro sistema productivo, el lastre ocasionado por la destrucción de puestos de trabajo y el cierre de empresas que de forma interrumpida ha tenido lugar en los últimos años. Una disminución del estado del bienestar que debe ser coyuntural y que debemos esforzarnos para que no se transforme en estructural, una hipótesis pausible si no se cambian las tendencias, variando el modelo productivo, la dotación de capital humano y el comportamiento de los ciudadanos; ya que de seguir actuando y razonando como antes de la crisis únicamente tendremos más dificultades y más crisis.

Obviamente si Cataluña recibiese el importe del fondo de competitividad y si el déficit fiscal no fuese el que es, las soluciones serían otras, pero las cosas a corto y medio plazo son las que son, por ello, sin renunciar a lo que por equidad nos corresponde, es hora de hacer más con menos.

Reducir el coste y los recursos utilizados es una obligación ineludible, pero también lo es mantener la calidad y minimizar la disminución de los servios prestados o los productos elaborados. Son épocas que requieren el talento de los seres humanos para dejar de hacer aquellas cosas obsoletas, innecesarias o inadecuadas. Es precisamente en estas épocas complejas cuando surge la oportunidad de cambiar las cosas, ya que la creatividad está enraizada en la necesidad de hacer más con menos, de superarse a si mismo, de identificar soluciones a los desafíos nuevos que requieran nuevas soluciones. En esa exigencia de ser más productivos no deberíamos olvidar el informe de Competitividad Global 2010-2011, donde hace unos meses ya se indicaba la perdida de competitividad en 9 posiciones de la economía española, tanto por los problemas asociados a la crisis económica global, como por el inadecuado marco regulador, las dificultades en extraer capacidad productiva a las tecnologías, en optimizar procesos, en internacionalizarse y en diseñar y fabricar productos diferenciales.

La clave en la actual coyuntura debe residir en reducir los gastos, disminuyendo mínimamente la actividad; es decir renunciar a la estrategia más sencilla consistente en disminuir la actividad y los servicios prestados. Actuar de este modo no sería una buena solución, puesto que disminuir la actividad al menguar los recursos no comporta incrementar la productividad, lo cual es una exigencia inexcusable, especialmente al considerar la malversación abusiva de recursos que ha caracterizado los últimos años. Así pues, preservar el presente y garantizar el futuro comporta asumir que se debe hacer más con menos buscando la eficiencia, usando al máximo las infraestructuras disponibles y ajustándose a los ciclos variantes.

Pero siendo imprescindible recortar los gastos y optimizar las inversiones, no es suficiente, ya que es imprescindible incrementar la capacidad de generar valor económico como instrumento que permitirá incrementar los ingresos del Estado y preservar el estado de bienestar. En ese contexto la clave reside en exportar más gracias a productos diferenciales y competitivos; incentivar la creación de empresas; y generar ocupación. Para ello son necesarias medidas como las acordadas en cumbre anticrisis del pasado mes de marzo en el Palacio de Pedralbes, relativas a implementar nuevas vías de financiación de las empresas, incrementar la flexibilidad de las pymes; apoyar a la industria; potenciar la internacionalización, y estimular a los emprendedores; y a la vez establecer acuerdos como los 6 alcanzados, que tienen por objetivo reducir burocracia, reformar la Formación Profesional, impulsar las infraestructuras de conexión transfronteriza, disminuir la presión fiscal para las empresas que generan ocupación, combatir el paro, y apoyar a los sectores sociales más afectados. Pero siendo necesarias las anteriores iniciativas no son suficientes para dar mayor solidez al modelo productivo y hacerlo más robusto a los globales.

Es requerido poner remedio a las causas por las que España y Cataluña afrontaron la crisis con debilidad, ya que de ello depende en gran parte recuperar un ritmo del crecimiento y generación de ocupación sostenida. El análisis debe hacerse mediante la observación de lo que ocurre en los países que han recuperado la senda del crecimiento. En esta línea cabe considerar que si bien en 2008 la I+D se situó en el 1,35% del PIB, todavía se estaba muy lejos de la media europea, que fue del 1,85%. Tampoco deberíamos ignorar que continúa existiendo una enorme distancia entre la universidad y las empresas, lo cual se evidencia en que menos del 30% de los que generan adelantos importantes se acercan a la universidad para desarrollar sus patentes, una cifra muy distante en el resto de la Unión Europea donde el porcentaje supera el 40%. Un bajo porcentaje que debe encuadrarse en el hecho de que únicamente el 45% del I+D+i del Estado español está financiada por las empresas, mientras que en el conjunto de la UE el porcentaje es del 66%, y que sólo 2,5 investigadores de cada mil trabajan en la empresa privada, cuando a la UE son 3,9 por mil. Unas cifras que con la crisis han empeorado, ya que según los datos del INE del 2009 la inversión en I+D y el número de investigadores ha disminuido, algo que no ocurría desde 1994. Una tendencia negativa que desgraciadamente recogen los presupuestos generales del Estado del 2010, que disminuyeron en 5,5 puntos el gasto en I+D, y en un 7,38% el presente.

Esta reducción presupuestaria nos aparta de la sociedad y la economía del conocimiento y nos aleja aún más de los países que ya han recuperado la senda del crecimiento, como Alemania que, a pesar de los recortes que ha efectuado, ha incrementado el presupuesto en investigación en un 7%, o en países como Suecia, Dinamarca y Finlandia, que la mantienen alrededor del 3% del PIB. Son decisiones políticas del gobierno del Estado que nos distancian del camino del progreso.

Las tendencias actuales no deberían sumirnos en el desánimo, ya que en los últimos años se hizo un esfuerzo importante en dar prioridad al I+D. Un esfuerzo que permitió que España se situara en la novena posición en el ránking de producción científica mundial. Un buen apoyo para el siguiente paso, que no es otro que facilitar que los adelantos científicos y tecnológicos lleguen al sistema productivo para generar puestos de trabajo, crecimiento económico y dotar de más capacidad competitiva al sistema productivo. Para ello es imprescindible la cooperación estrecha y continuada del mundo científico y empresarial con la finalidad de situar la transferencia de conocimiento como elemento central de las actuaciones. Un camino en el que tenemos un buen trecho a recorrer, ya que en el Estado español únicamente se presentan 33,4 patentes EPO (European Patente Office) por millón de habitantes, cifra alejada de las más de 700 que presenta el Reino Unido o de las más de 300 de Alemania.

Disponemos de un buen punto de apoyo para potenciar las empresas existentes y generar un nuevo tejido productivo que nos permita competir en la economía globalizada, la cual fundamenta su competitividad en un modelo intensivo en conocimiento. Para lograrlo preciamos de proyectos e iniciativas que no piensen en la cuenta de resultados trimestral, ni en las próximas elecciones, hay que preservar el presente pero sin hipotecar el futuro. Consecuentemente es imprescindible la voluntad de definir, desarrollar y ejecutar estrategias y proyectos conjuntos en áreas geográficas con capacidad de investigación y generación de riqueza contrastada, gracias a la existencia de Universidades; centros de investigación, desarrollo e innovación; empresas con capacidad exportadora; buenas comunicaciones de personas, mercancías y datos, dinamismo demográfico y altas tasas de formación. Proyectos regidos por la ambición de convertirse en zona de innovación y generación de valor referencial a nivel mundial.

Son momentos difíciles que exigen sumar colectivamente y exprimir al máximo nuestra capacidad de invención e innovación para hacer las cosas como debemos. Es la hora de hacer las cosas de diferente manera, puesto que si las queremos hacer igual no saldremos del túnel, y salir de él cuanto antes es una exigencia irrenunciable.

Article publicat simultàniament amb Catalunya Empresarial

juliol de 2011

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