Publicacions a la SEBAP

Els nous entorns enriqueixen la nostra quotidianitat

Entrevista de Pablo Mancini a Joan Mayans i Planells, llicenciat en Antropologia Social i Història Contemporànea per la Universitat de Barcelona, membre fundador i actual director de l'Observatori per la Cibersocietat i membre de la Junta Directiva del Cercle.

Publicada a educ.ar.

Joan Mayans i Planells es autor de los libros "Género Chat. O cómo la etnografía puso un pie en el ciberespacio" (Gedisa, 2002) y "Sota un silenci amb mil orelles. Perspectives socials sobre ciborgs i ciberespais" (Edicions UIB, 2002).

Algunos de los temas que investiga son la etnografía de ciberespacios concretos, la gestión del conocimiento y el diseño/concepción de espacios digitales para el conocimiento, los aspectos lingüísticos y formales y el análisis del discurso mediado por computadoras, y las dinámicas de interacción e intercambio simbólico en el ciberespacio.

En diálogo con educ.ar, Joan Mayans i Planells analizó casos que se inscriben en esos campos y se explayó sobre el congreso on line que organizan desde el Observatorio.

Por Pablo Mancini

Usted ha explicado hace tres años el potencial del ciberespacio en tanto nuevo espacio público para el desarrollo de la identidad local. ¿Cómo encuentra esa posibilidad actualmente? ¿Se ha aprovechado significativamente ese potencial?

—Probablemente, lo más significativo de estos últimos años en internet sea que hemos asistido a la progresiva creación de nuevas localidades. En aquel artículo al que te refieres, proponía el ciberespacio como un entorno en el que lo local y lo inmediato podían jugar sus bazas, ante los potentes procesos de globalización económica y cultural de los que todo el mundo hablaba hace unos años. Sin embargo, no creo que las entidades locales, a quienes se dirigía aquel artículo, hayan aprovechado el medio para lo que allí se proponía. Esa dimensión local a la que me refería, en un sentido clásico del concepto, apelando a municipios, pueblos y ciudades, no creo que haya dado ningún salto importante en cuanto a su utilización y proyección en el ciberespacio, entre otras razones, porque hemos ido adaptándonos y relativizando esa hipotética amenaza de la globalización cultural.

Y, por otro lado, hemos visto como lo local, lo inmediato, se ha redefinido. La proliferación masiva de blogs y sistemas de sindicación y de enlace mutuo entre blogs tiene una importancia fundamental en la construcción de estas nuevas localidades: nuestro entorno social inmediato se ha visto alterado por la presencia de una nueva red de opinantes, escribientes y comentaristas completamente apropiada y personalizada por cada sujeto. En nuestro contexto cotidiano, inmediato, el lugar que antes ocupaban los ciudadanos-vecinos ahora lo empiezan a jugar los blogs-vecinos. Con todo lo que ello implica.

En su libro Género chat. O cómo la etnografía puso un pie en el ciberespacio, ha estudiado el fenómeno de la escritura en tiempo real. Actualmente, el chat parece ser una de las formas culturales más naturales de los nativos digitales: ¿ya hemos visto todo en este campo?, ¿advierte algo nuevo para el futuro al respecto?

—Desde luego, el chat, al día de hoy, ya parece casi una tradición del ciberespacio. Hace tanto ya que lo experimentamos por primera vez, cuando nos sorprendió su formato y sus características, que parece casi una cosa tan antigua... como la misma internet. Es muy posible que esta “antigüedad” como medio de comunicación sea la causa de que lo hayamos incorporado, de una forma naturalizada a nuestras prácticas comunicativas, como también ocurre con el correo electrónico. Creo que el chat ha encontrado unos determinados nichos y contextos sociales que le son especialmente propicios. Una gran mayoría de los usuarios de internet conocen los chats y los han experimentado. Sin embargo, por el hecho de tratarse de mucho más que una herramienta, de ser mucho más exigente a nivel de atención, continuidad y tiempo, hace que su uso se haya, progresivamente, situado en esos determinados nichos sociales.

Por otro lado, los dispositivos de mensajería instantánea han ocupado la dimensión más directamente instrumental de los chats, haciendo que los chats, por sí mismos, asuman un mayor papel de espacio abierto, público y socialmente significativo.

Esto, por supuesto, no quiere decir que lo hayamos visto todo, en este terreno, pero sí que es cierto que parece que los chats han encontrado su sitio socialmente significativo en el ciberespacio y que su importancia y aplicación social y cultural está mucho más definida que otros fenómenos emergentes en el ciberespacio. Pero precisamente la proliferación de estos constantes fenómenos emergentes; el hecho de que estemos hablando de un sector social cuya infraestructura fundamental son productos tecnológicos de consumo; la constante aparición de nuevas aplicaciones y dispositivos, hacen que el terreno se mueva bajo nuestros pies. Eso quiere decir que nada es estable en el ciberespacio y los chats, desde luego, no son ninguna excepción.

—¿Cómo está observando el fenómeno de la proliferación de aplicaciones Web 2.0?

—A mí me recuerda bastante lo que leí de la Web 0.1. En los últimos años del siglo pasado leía sobre los orígenes de internet y sobre todas aquellas personas e ideas que iban a hacer de internet algo socialmente revolucionario; los argumentos y las promesas de aquellas nuevas tecnologías y sus redes sociales. Tal vez luego chocamos con la realidad, la comercialización y la cotidianización de internet, la Web que todos hemos conocido, aprendido y, hasta cierto punto, aborrecido. Por eso digo que la Web 2.0 es más que un proyecto, es un desiderátum con resabios de esa amalgama de personas, ideas y proyectos medio utópica, medio revolucionaria, pero rabiosamente sociocéntrica, que fue la internet de antes de internet.

Sin embargo, el concepto también tiene un componente de moda conceptual que se entronca con la frecuente aparición de nuevos programas, nuevas aplicaciones y nuevos nombres. Esta tendencia a la novedad, intrínseca en internet, no debe hacernos pensar que internet avanza, casi por inercia, hacia el modelo 2.0, con todo lo que esto implica de apertura, participación masiva y creación de entornos dinámicos.

Esto no sólo no es necesariamente así, sino que puede llevarnos a perder de vista otros fenómenos tecnológicos, macro-empresariales e incluso legales que tendrán mucho que ver en cómo será la internet de dentro de algunos años, vaya por el número de versión que vaya. Esta es precisamente uno de los temas centrales del próximo congreso del Observatorio para la CiberSociedad, así que nos queda aún mucho que discutir sobre el tema.

—¿Cómo analizaría el auge de redes sociales como MySpace o Second Life? En el caso de Second Life, las personas que participan construyen “alter egos a medida” y espacios que hibridan lo público con lo privado. ¿Cómo explica que más de 250 mil personas elijan llevar una segunda vida en la pantalla y generen relaciones, eventos y hasta dinero, que tienen impacto fuera del mundo virtual?

—Conozco poco estos fenómenos, pero sin duda se parecen mucho a otros casos anteriores de participación masiva en entornos lúdicos y de vida social alternativa propios de internet. Siempre he pensado que la mayoría de las mejores “killer apps” del ciberespacio tienen un componente lúdico. Así fueron las prístinas listas de discusión de Arpanet, así fue Usenet y así fueron los chats. Así fue el clásico caso de Habitat y sus múltiples variantes de ciudades, poblados y lugares virtuales. Así también se explica el éxito de los mensajes cortos de los teléfonos móviles y su apropiación social como herramienta personalizada, más allá de su función telefónica. Así son los entornos de creación personal o colectiva en el ciberespacio, como los blogs.

Yo creo que la explicación para fenómenos como Second Life o MySpace tiene mucho que ver con estos otros fenómenos: permiten crear redes sociales significativas para sus participantes. Permiten crear y recrear la identidad, proyectarla en nuevos entornos y volver a ser uno mismo. Quizá porque nuestro entorno cotidiano “tradicional” o “duro” no nos lo permite, porque no es lo bastante satisfactorio o, simplemente, porque estos nuevos entornos enriquecen nuestra cotidianidad. Para mí, este último factor es el determinante, al menos, a un nivel colectivo. Nuestro personaje de Second Life o nuestro nick en un canal de chat nos da la oportunidad de ser socialmente significativos. Y en última instancia, ¿no es eso lo queremos todos?

El Observatorio para la CiberSociedad (OCS) que usted dirige ha anunciado que en noviembre próximo se celebrará la tercera edición de su congreso online. En los dos congresos anteriores (septiembre de 2002 y noviembre de 2004) los ejes de las convocatorias fueron “Cultura & Política @ CiberEspacio” y “¿Hacia qué sociedad del conocimiento?”. ¿Cuál es la idea rectora del próximo congreso del OCS? ¿Qué desafíos emergen para esta tercera edición?

—Creo que la evolución de las temáticas de los congresos del OCS es, cierto modo, paralela a la propia cibersociedad o, queremos pensar, a los retos que se plantea en cada momento, desde una perspectiva sociocéntrica. Me explico: desde los primeros barruntos del OCS y en concreto en el congreso de 2002, creíamos que nuestro objetivo fundamental era modificar el foco central de atención sobre el ciberespacio. Queríamos subrayar que el ciberspacio, como espacio público, debía ser analizado, aproximado, entendido, gobernado, ocupado desde un punto de vista sociocéntrico, y no tecnocéntrico. Esto, que hoy parece algo superado, hace cuatro años no era así en absoluto. Creo que la labor del OCS y de aquel congreso colaboró con otras iniciativas que consiguieron llevar a más sectores el interés por lo cibersocial. En particular, estoy convencido de que el impacto de aquel congreso en el entorno académico fue importante y ha tenido continuidad, descubriendo el ciberespacio como lugar eminentemente social, donde tienen lugar cosas que merecen la atención de los científicos sociales.

En el 2002 insistíamos en el carácter cultural del ciberespacio. Y, como consecuencia de esto, quisimos prestar una especial atención a los conflictos y a la política en el ciberespacio, puesto que donde haya sociedad y cultura hay conflictos, intereses y política. Negarlo, obviarlo o incluso ocultarlo también tiene efectos y consecuencias políticas. En el 2004 quisimos continuar con esta línea específica y propia de los congresos del OCS, que combinan el debate académico con el impacto social y la dimensión política del tema. Por ello nos fijamos en la expresión de moda del momento: “sociedad del conocimiento”. El concepto llevaba ya algún tiempo circulando, pero en aquel momento nos pareció que representaba magníficamente el momento que estábamos viviendo, al menos en el contexto del Estado español: por un lado, encontrábamos los discursos políticos, mensajes publicitarios, iniciativas empresariales aplaudiendo la llegada de una incierta “sociedad del conocimiento”; por otro lado, la realidad, en forma de una creciente fractura digital, de movimientos contradictorios de apropiación de las tecnologías, de comercialización y vulgarización de muchos de los detalles que se apuntaban en los años noventa como potencialmente revolucionarios, etcétera. Esta contradicción quedaba reflejada en los interrogantes entre los qué encerrábamos el título del congreso del 2004: ¿Hacia qué sociedad del conocimiento?

Como en aquel momento no fuimos capaces de encontrar una respuesta clara a la pregunta, sino una gran cantidad de propuestas, análisis, síntomas e ideas, es pertinente que en el 2006 nos replanteemos esta cuestión con otros términos y a la luz de las nuevas dinámicas que están modificando la textura social de la Red. Antes hablábamos de la Web 2.0 y creo que este será uno de los temas centrales del congreso de este año. Porque bajo la idea de Web 2.0 se encuentra buena parte de los debates que han llevado a la elección del título y a la redacción de la línea editorial del nuevo congreso.

Cuando decidimos encabezar el nuevo congreso con el título “Conocimiento Abierto; Sociedad Libre” estábamos proponiendo una fórmula provocadora, que pone en cuestión y confiere protagonismo a todos los movimientos open que estamos viendo proliferar en los últimos años. Pero a la vez, desde un punto de vista menos técnico, también suponen una muy buena excusa para debatir sobre las ideas de una Red más participativa, con muchos más creadores, con más capacidad multimedia e interactiva, con nuevas estructuras de redes “locales” hechas a partir de las nuevas localidades de nuestros vecindarios virtuales, etc. Uno de nuestros objetivos para este congreso será conseguir vincular, precisamente, los movimientos “open”, todos los fenómenos de “Web 2.0” y darle a todo ello la dimensión política y la relevancia social que hay tras todo ello, para que se convierta, de nuevo, en objeto de reflexión y análisis.

Actualmente estamos en fase de recepción de candidaturas para la formación de grupos de trabajo, que son la base fundamental de los debates del congreso. Por ello, quiero aprovechar esta ocasión para invitar y para animar a todos, y no sólo desde ámbitos académicos, a visitar la web provisional del congreso (www.cibersociedad.net/congres2006), a leer allí la línea editorial del congreso y a plantearse la posible organización de un grupo de trabajo sobre alguno de los temas sobre los que aquí hemos conversado. En la medida en que seamos creativos y nos atrevamos a hacer las preguntas apropiadas en el planteamiento de los grupos de trabajo y discusión, conseguiremos encontrar las respuestas más importantes a un enunciado que también puede expresarse en forma de pregunta: Conocimiento Abierto, ¿Sociedad Libre?

Fecha: Junio 2006

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